amores

Época de grullas

Bajan del norte de Europa para pasar el invierno en tierras más cálidas, pero conozco unas grullas que van y vienen cuando hace falta, con frío, cuarentena o calor. Son unas grullas australes que se reúnen al llamado de cualquiera de ellas.

Las grullas van siempre en grupo y emiten un sonido que se denomina trompeteo… claro, no podía ser de otra manera… ¿por qué me parece tan familiar esto? Trompetear, grullar, sin importar distancias, ni virus, ni husos horarios: solo una grulla culona es capaz de lograrlo.

No hay cuarentena que las deje quietas, ni barbijo que les tape la boca frente a una pandemia. Ellas se juntan y levantan vuelo. La complicidad está intacta, la diversión sigue siendo infinita y el vuelo rasante del alma que las conforma llega hasta mi costa en cada risa.

Sé que mis veranos y mis horarios son otros, pero tenemos las mismas risas y el mismo corazón. Y he vuelvo a saber que sin ellas no me encuentro.

Ahora, en estos días, es época de grullas en mi corazón porque he aprendido de ellas la generosidad y me han recordado que solo con abrir los brazos, levantar una pata y ponerse un sobrero, se puede empezar a volar.