amores

Cuando el mar y él se encuentran

Su furia lo enferma y a la vez lo sana.

Redime en su voz antiguas sentencias que justas y mudas encuentran en la temperatura de su cuerpo un resquicio para salir.

Fiebres, mares revueltos, endecasílabos ansiados que cuando llegan le suenan a melodías perfectas y lo inmortalizan. Desasosegante verdugo que de tanto roce se le hace compañero y maestro de vida es ese péndulo que lo nutre.

Todo es permanente coqueteo con la muerte. Cuando siente que momentáneamente la ha vencido, se desploma. Y vive. Vive en amor para sobremorir amando.

Cuando el mar y él se encuentran vuelven a ser felices, uno por ser comprendido y el otro por escribirlo. Sin el mar nada tiene identidad en esas voces mudas.

Desde mi secano yo sólo apelo a sus pulmones. Sin ellos no somos, aunque seremos siempre.